"Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya."

Bienvenida a un espacio de corazón a corazón. Aquí, las mujeres de nuestro apostolado compartimos la fe desde lo cotidiano, lo sencillo y lo valiente. Porque ser misionera de amor empieza con un 'sí' silencioso que transforma el mundo.
Quién Soy y Por Qué Nació Este Blog
María me inspira, Jesús me impulsa, la misión me mueve.
Soy una mujer joven que sigue descubriendo su historia junto a Dios, entre risas que sanan, canciones que levantan el ánimo, sueños que parecen demasiado grandes… y lágrimas que también hacen parte del camino. Soy de esas que aman fuerte, que sienten profundo y que buscan a Jesús incluso cuando la vida se pone ruidosa.
Mi historia en la Iglesia empezó desde niña, siendo acólita y parte de la Infancia Misionera en la Parroquia María Auxiliadora en Bogotá. Más adelante, la música me llevó a los coros navideños del Santuario del Niño Jesús del 20 de Julio, donde descubrí que cantar es una forma hermosa de orar. Con los años, el Señor me llamó al servicio como catequista en la Parroquia San Dionisio y, más recientemente, en la Parroquia San Juan Eudes en Ciudad Verde.
Acompañar a niños y jóvenes ha sido un regalo, pero también he vivido momentos donde servir duele, donde los ambientes y las situaciones me hicieron cuestionarme y hasta alejarme un tiempo. Pero Dios no se quedó quieto; en mis retiros y encuentros de formación, Él me abrazó, me devolvió la fuerza y esa chispa misionera que creí perdida
Mi Misión hoy: El Silencio de San José
Este blog nace de ese "volver a empezar", pero con una nueva comprensión: el valor del silencio. Me inspira profundamente San José, aquel humilde carpintero que llevó su mensaje más allá de la voz. Su silencio no le quitó protagonismo ni esencia a lo que él fue para la historia de la Iglesia; al contrario, lo convirtió en el custodio más fiel.
Al igual que él, hoy elijo que mi gestión sea silenciosa. No necesito que mi voz o mi rostro sean el centro, porque entiendo que en la humildad del "hacer" sin ser vista, el mensaje de Jesús brilla con más fuerza. Este es un espacio para compartir el proceso real: lo bonito, lo difícil y lo íntimo, desde la verdad de mi historia y bajo la sombra protectora de San José.
Si estás aquí, gracias. No estás sola. Dios camina contigo, y yo quiero caminar a tu lado, en este silencio que construye y en esta luz que nunca deja de sorprenderme.
A veces, Dios no te pide que seas la protagonista con un micrófono frente a miles; a veces, solo te pide que seas la mano que redacta, el corazón que organiza y la fe que envía un correo en medio del silencio de la noche.
Ser una mujer joven hoy puede sentirse como navegar entre mil voces que te dicen quién debes ser, cómo debes vivir y qué debes demostrar. Pero en medio de tanto ruido, existe un empoderamiento distinto, luminoso y profundamente liberador: el que nace de saberse hija amada de Dios.
Hay heridas que no vienen del mundo, sino del lugar donde esperábamos encontrar refugio: la fe. Cuando la palabra de Dios se usa para controlar, manipular o rebajar a una mujer, el alma no solo se quiebra: se confunde. Duele el vínculo, pero también duele el sentido. Y en ese dolor aparece una pregunta profunda:
Hay heridas que son doblemente hondas: las que parten el corazón y las que distorsionan la fe. Cuando alguien usa la Biblia para dominar, justificar maltrato o exigir sumisión, el amor no solo se resquebraja; también se confunde el sentido. Es como un vitral quebrado: los colores siguen allí, pero hace falta recolocarlos con intención nueva.
Nunca pensé que mi propia historia sería el lugar donde más me costaría entrar. A veces una quisiera encontrar a Dios en el cielo, en un retiro, en una canción bonita… pero no en las grietas del corazón. Yo era de esas que prefería correr: correr del silencio, correr del dolor, correr de las preguntas que no sabía responder.


